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Lo es por los restos del teatro de Trajano, del siglo II, y por la plaza de la Unidad de Italia, levantada a obra y encanto del imperio austrohúngaro, que por algo Trieste fue uno de sus puertos de mar más importantes. El Gran Canal de Trieste, que termina con la Iglesia de San Antonio, rodeada de pequeños restaurantes es también de obligado de paso.
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Lo es por los restos del teatro de Trajano, del siglo II, y por la plaza de la Unidad de Italia, levantada a obra y encanto del imperio austrohúngaro, que por algo Trieste fue uno de sus puertos de mar más importantes. El Gran Canal de Trieste, que termina con la Iglesia de San Antonio, rodeada de pequeños restaurantes es también de obligado de paso. Trieste roza esa perfección centroeuropea que te aleja de la Italia del sur y te hace recordar la grandeza de un país, que en mi opinión, es el más completo de cuantos he visitado. Del caos del su tacón y punta de la bota, con su sabor a campo y mar canalla, se pasa al orden de un norte donde siempre se miró a Europa. Todo junto, todo mezclado en una bacanal de arte que ha hecho de Italia la gran capital de la belleza de esta cosa llamada aldea global. の終わりに, ¿quién puede si no ellos presumir de haber inventado el mundo dos veces?
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