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La ferrería de Betelu, regentada por la viuda de Juan Antonio Zabala y los nuevos administradores, funcionó durante la década de los cuarenta y algunos años de los cincuenta del siglo pasado. Ya en el siglo XX, los herederos de Zabala volvieron a poner en marcha la ferrería, pero no para labrar hierro sino para generar energía eléctrica con la que se iluminaría el boyante Balneario de Betelu. Pero éste también se paró, incluso fue derribado y apenas sí quedan algunos restos. Desde entonces, ese lugar antes tan activo y ruidoso se ha sumido en el silencio, convirtiéndose en las ruinas que hoy conocemos.
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