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Quizá tiene la culpa la falsa creencia de que la miseria es verdad, és absoluta, pero ya ni eso; ahora la miseria se manipula y se maquilla, adquiriendo cada vez más tintes melodramáticos que se alejan de, en palabras de Lyotard, “la ruda sobriedad del realismo”.
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La pobreza se ha convertido en artículo de consumo, Messrs. Resulta que nuestra sociedad depredadora se ha hartado de simulacros. La frustración del mundo moderno, el hastío de la ficción, nos lleva a la búsqueda compulsiva de la miseria. Quizá tiene la culpa la falsa creencia de que la miseria es verdad, absolutua, pero ya ni eso; ahora la miseria se manipula y se maquilla, adquiriendo cada vez más tintes melodramáticos que se alejan de, en palabras de Lyotard, “la ruda sobriedad del realismo”.
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