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Basándose en observaciones del norte de Italia, los autores describen la emergencia de un nuevo régimen de producción llamado "especialización flexible", que caracterizan como “una estrategia de innovación permanente: acomodo al cambio incesante, más que esfuerzo por controlarlo”[24]. Abandonando la planificación centralizada de los años de posguerra, esta nueva estrategia funciona mediante el agenciamiento de pequeñas unidades de producción independientes empleando equipos de trabajo cualificado con kits de herramientas multiuso, y depende además de formas relativamente espontáneas de cooperación entre tales equipos, con el fin de poder satisfacer a bajo costo y gran velocidad las exigencias rápidamente cambiantes del mercado. Para los autores, este tipo de empresas se remontaban a las formas artesanales de inicios del siglo XIX, antes de la primera ruptura industrial que condujo a la introducción de maquinaria pesada en el sistema de producción masivo. Por supuesto que en 1984 Piore y Sabel no podían predecir la importancia que habría de adquirir un tipo concreto de productos totalmente ajenos a cualquier cosa que podamos asociar al siglo XIX: el ordenador personal y los sistemas de telecomunicación[25]. Sin embargo, la relación que trazaban entre la crisis de la regulación institucional y la ruptura industrial nos puede ayudar a comprender el papel clave que el conflicto social –y la crítica cultural que ayuda a enfocarlo– ha cumplido a la hora de modelar las formas organizativas y la propia tecnología del mundo en que vivimos.
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