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Ik kwam op een dinsdag in december, opgewonden, nerveus en bevooroordeelde. Hij trayecto scheiden van Mae Sot naar Mae Ra Moe voorspelde een bestemming onherbergzaam en ontoegankelijk. De jeep bewoog met horten en stoten op een weg onmogelijke, copiloot ontwaakte hobbels elke keer als hij op het punt stond een dutje en modder gleed gevaarlijk neem wielen, terwijl de dichte begroeiing aan de andere kant van het venster te nodigen mij te dromen.
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Llegué un martes de diciembre, excitada, nerviosa y cargada de prejuicios. El trayecto que separaba Mae Sot de Mae Ra Moe auguraba un destino inhóspito e inaccesible. El jeep avanzaba a trompicones por una carretera imposible, los baches despertaban al copiloto cada vez que se disponía a echar una cabezadita y el fango deslizaba peligrosamente las ruedas mientras que la vegetación espesa al otro lado de la ventana me invitaba a soñar. En mis venas, las ganas; en mi cabeza, la duda; en mi estómago, los nervios anudados al vacío. En mi MP3, como siempre, Sabina. El trayecto duró unas cuatro horas. En temporada de lluvias puede durar el doble, me informaron. Están francamente aislados, reflexioné.
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