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En Italia, Silvio Berlusconi, en reacción a un escenario político cada vez más adverso y bajo la sombra de un juicio por prostitución de menores justo antes de unas importantes elecciones, intentó forzar en el Parlamento una ley de censura contra los medios que hubiera sido capaz de silenciar a cualquier voz crítica en programas de televisión independientes. Pero los miembros italianos de Avaaz no se quedaron de brazos cruzados, y unidos, reunieron 70.000 firmas e hicieron miles de llamadas telefónicas al Parlamento en los momentos decisivos, lo que ayudó a influenciar el voto final. La ley fue rechazada, representando una gran victoria para los miembros de Avaaz y para el futuro de la libertad de expresión y la democracia en Italia.
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