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Ayer escuchamos un nuevo splash pero con una gran diferencia, por fin vimos lo que lo provocaba. Un enorme pez plateado de unos tres metros de largo se alzaba por los aires, más bien volaba, a no menos de dos metros de altura. Enérgico, vivaz, brillante y muy grande. ¿Un atún?, vragen we ons af. Casualmente, los dos estábamos en el exterior y pudimos admirar el espectáculo: se nos antojó un salto mortal que ni la más atrevida criatura podría, siquiera en sueños, realizar. Por fin salimos de dudas avistando aquello que nos tenía tan intrigados…, hasta llegamos a suponer que era Poseidón quien sacaba la cabeza de vez en cuando para observar qué tal rogresábamos, o quizás alguna de las sirenas que el dios griego mantiene tan celosamente alojadas bajo las olas del mar.
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