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La segunda forma de medir la Patagonia nace, en cambio, de la información que no figura en los papeles y se aloja en un espacio inasible: la sensibilidad de los viajeros. Una cosa es saber cuánto mide el Perito Moreno, pero otra muy distinta es pararse frente a una maravilla natural -en 1981, el Perito Moreno fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco- y escuchar el crujir grave de sus grietas. Todo lo demás también es experiencia y paisaje. Los cerros, las montañas, los lagos, los ríos y la aridez de la estepa combinada con todas las formas del hielo, hacen de cada paraje un escenario dramático y estético. Un lugar al que siempre se querrá volver.
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