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5. Desde finales de los años 1970, la teoría neoclásica, en tanto que mainstream en ciencias económicas, ha sito aplicada al medioambiente. Los modelos llamados de “equilibrio general calculable” han sido utilizados por el Banco Mundial, especialmente para la gestión de la oferta energética, la internacionalización de efectos externos vinculados a los recursos naturales, la evaluación del impacto de los cambios climáticos consecuentes a las emisiones de gas de efecto invernadero o el análisis de las situaciones medioambientales a escala local (contaminación de los lugares, calidad del aire, peligros diversos...) La clave de la integración del medioambiente y de los recursos naturales en la teoría económica dominante ha sido el rechazo de su carácter de patrimonios comunes disponibles, sin propietario y a título gratuito, para considerarlos como categorías de “capital” sometidas a un proceso de apropiación, de acumulación y de remuneración privadas. Los problemas asociados a los global commons (o bienes colectivos globales), en particular el agotamiento de los recursos y la amenazas ecológicas de alcance planetario (capa de ozono...), conllevan un riesgo de disminución del crecimiento. Al autorizar substituciones entre los factores de producción, hacen posible que se descuiden las obligaciones de no-reproducción de ciertos factores, reemplazándose los recursos naturales agotables por formas de capital reproducibles (el conocimiento, por ejemplo), permitiendo así un crecimiento durable. La expansión de la economía neoclásica no ha podido evitar el callejón sin salida científico en el cual se encuentra actualmente metida, por mucho que sus líderes continúen siendo recompensados con premios Nobel. Por ejemplo: T.C. Schelling, laureado con el premio Nobel de economía en 2005, antiguo colaborador de la Rand Corporation, donde apoyó a McNamara en su escalada militar en Vietnam, formó parte en 2003 del grupo de expertos “Consensus de Copenhague” – dirigido por el antiecologista Bjørn Lomborg del Skeptical Environmentalist Fame, ayudado por el Denmark’s National Environmental Assessment Institute – creado para evaluar los Objetivos del Milenio para el Desarrollo. Justificando la no ratificación de los Estados Unidos del Protocolo de Kyoto, sus recomendaciones tienden a degradar la disminución de las emisiones de gas de efecto invernadero en la jerarquía de las prioridades de las Naciones Unidas y a recurrir a los organismos genéticamente modificados para la lucha
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