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Wir kamen dort und musste eine hölzerne Lastkahn nehmen 40 Menschen, in der wir 63 eine Rolle zu spielen in Inhambane, und warten, bis sie ein Stück von Computer mit einem Finger trommeln beenden, und geändert durch die Person langsam kam ein mit zwei Trommeln, und kehrte nach dem Lastkahn mit anderen 60 Die Menschen, und kam zu dem Büro von Maxixe, und ließ meine Papiere nach drei Stunden des Wartens und Fotokopien, und kehrte eine Woche später, und hatte meine Arbeit verloren, und mein Pass war nicht, und ich sagte, dass ist nicht markiert, weil sie nicht gesendet werden Maputo, und war illegal, und niemand kümmerte sich, und alle, die um mich herum waren kam auch ohne Papiere, und die Linie des Menschen aus dem alten Büro, wo Arbeiter besucht, weil sie das Gefühl, und niemand beschwert, und misshandelt Menschen, und ich schrie wütend, und Herr Marsinhe machte etwas wie ein Flüstern, um ihre Wut Solidarität zeigen, und anderen sahen seltsam fremd, wer ist böse, und ich habe nichts verstanden, und hörte mir wie ein Idiot Ruck behandeln, und führte Gespräche Arschloch, und Herr Matsinhe lächelnd, und ging dann in ein Büro, und ging nach einem anderen Raum, und ein Mann verkaufen wollte mir eine Karte, während in Afrika in einer surrealen Szene, und einer der Beamten sagte mir, dass das Problem in Maputo war, und andere Spielkarten, und ich dachte, ich würde nie verlassen diesen Ort, und ich lachte laut, und stieß mich, und sie sagten, sie könnten nichts tun, und plötzlich kam Herr Matsinhe mit meinem Pass in der Hand, mit einem Visum, und ich sagte, wir könnten nach Hause gehen.
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Llegamos allí y tuvimos que coger una barcaza de madera para 40 personas en la que íbamos 63 para hacer un papel en Inhambane, y esperar a que terminaran una hoja de ordenador que tecleaban con un dedo, y cambiaron por lenta a la persona y vino una que tecleaba con dos, y volvimos a la barcaza con otras 60 personas, y llegamos a la oficina de Maxixe, y dejamos mis papeles tras tres horas de esperas y fotocopias, y volvimos una semana después, y habían perdido mis papeles, y mi pasaporte no estaba, y me decían que es que no tienen etiquetas porque Maputo no se las manda, y estaba ilegal, y a nadie le importaba, y todos los que estaban alrededor de mí salían también sin documentos, y la cola de gente salía de la vieja oficina donde los trabajadores no atendían porque no les daba la gana, y nadie se quejaba, y trataban mal a la gente, y yo grité enfadado, y el Sr Marsinhe hizo algo parecido a un susurro para mostrar su enfado solidario, y los demás miraban extrañados al extranjero que se enfadaba, y yo no entendía nada, y escuchaba a una imbécil tratarme como un imbécil, y mantuve conversaciones de imbécil, y el Sr Matsinhe sonreía, y entonces entró en un despacho, y salió después de otra sala, y un tipo mientras quería venderme un mapa de toda África en una escena surrealista, y una de las funcionarias me explicaba que el problema era de Maputo, y otra jugaba a las cartas, y yo pensé que nunca iba a salir de aquel lugar, y me reía a carcajadas, y me daba cabezazos, y me dijeron que no podían hacer nada, y de pronto salió el Sr Matsinhe con mi pasaporte en la mano, con un visado, y me dijo que nos podíamos ir a casa.
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