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Die Fähigkeit der Vögel zur Subversion entspricht Lawlers Taktik in Birdcalls, da sie, während sie sich selbst in der Natur verortet, die von patriarchalen Systemen von Repräsentation und sexueller Differenz traditionell der Kultur entgegen gesetzt und mit dem Weiblichen assoziiert wird, die Natur nicht als Ort der Einschränkung, sondern vielmehr als Rückzugsgebiet und Versteck behandelt, als Zufluchtsort, in dem sie Mulveys „Angeschaut-Werden“ entfliehen kann oder dem, was Michel Foucault „Falle“ oder „Käfig“ der Sichtbarkeit nannte.[45]
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Los birdcalls comenzaron como una respuesta humorística antipredatoria en presencia de dos peligros en el hábitat de Kite y Lawler: el ataque físico en las calles de la ciudad y la discriminación en el mundo del arte alternativo. Trazando un paralelismo quizá inadvertido con los pájaros reales, Lawler describe los primeros birdcalls como “instintivos”[43]. Resulta interesante el hecho de que en realidad los cantos de los pájaros, incluso sus llamadas de alarma, no son manifestaciones emocionales meramente involuntarias e instintivas, sino sistemas de comunicación que funcionan bajo control[44]. Su frecuencia se ve afectada por la presencia o ausencia de otros compañeros, un fenómeno que en ornitología se llama “efecto audiencia”. Algunos sonidos de pájaros se aprenden[45]; ciertos pájaros centinelas dan incluso “falsas alarmas”. La capacidad que los pájaros tienen de controlar y subvertir está en sintonía con las tácticas de Lawler en Birdcalls, porque, si bien ella se sitúa en la naturaleza que los sistemas patriarcales de representación y de diferencia sexual han opuesto tradicionalmente a la cultura, asociándola con lo femenino, no lo hace considerándola un espacio de confinamiento sino más bien de retirada y ocultación, un refugio en el que puede escapar de la “ser-mirada-idad” expresada por Mulvey y de lo que Michel Foucault llamó la “jaula” o “trampa” de la visibilidad[46]. Al ocupar el lugar prescrito para las mujeres (y a este respecto se debe señalar que bird es también una palabra popular para designar a una jovencita), pero sólo en broma —literalmente actuando o jugando a ser naturaleza—, se apropia de ese lugar como una base desde la cual hacer incursiones, utilizando el sonido como munición, en el territorio de la cultura y para introducir tensión en sus dicotomías jerárquicas marcadas por el género, destruyendo su aparente naturalidad. Al ser oída pero no vista desafía el nombre propio, el ego narcisista, el Nombre-del-Padre, y por tanto las relaciones de diferencia sexual que se dan en el mundo del arte, ofreciendo un comentario sobre el hecho de que en la época en que hizo Birdcalls “los artistas con nombre reconocido eran predominantemente hombres”[47].
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