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El expansionismo imperialista ha llevado a Cartago y Roma hasta los arévacos, aunque es Aníbal quien comparte frontera por ahora con la beligerante tribu celtíbera. Cuando comienza la campaña, los arévacos son neutrales, pero se encuentran ante un obvio dilema: unirse a Aníbal y arriesgarse a una represalia genocida por parte de los romanos o mantener las buenas relaciones con estos a sabiendas que sobre ellos recaerá la ira de Cartago. A pesar de su conocimiento del terreno y de su magnífica destreza en combate, los arévacos no pueden enfrentarse a ambas superpotencias a la vez. De momento mantienen su neutralidad, pero esta no durará. Alguien debe asumir el control de la península ibérica; ¿serán los arévacos?
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