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She had three daughters who had married some men from the hills, from Cerro Grande, and they were in the struggle, they were organized here in the area, and that’s why the woman was afraid. “We have lost the shepherd who defended us,” she said. I told her, “We must trust in God.” I said, and, “We can’t lose sight of the need to organize.”
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El motivo más grande era verdad, que la población pobre, verdad, los más desposeídos de aquí del país, verdad; inician a exigir sus derechos y la única arma que tenían era la organización y la lucha, se inicia pues a hacer grandes marchas en San Salvador, yo me recuerdo soy testigo de eso verdad, donde exigían que al salario se le aumentara un poco más, que se le diera mejor alimentación a los trabajadores, que se le respetaran los derechos también de la vida, entonces, ahí fue donde comienza el mismo Estado; el mismo gobierno a reprimir a estas manifestaciones en lugar de solucionar lo que ellos exigían, comienzan a reprimirlas, comienzan pues, a ver quiénes eran los líderes y ahí comienzan pues a matar líderes. Entonces, usted sabe que en una organización entre más le molestan a sus líderes más fuerzas agarra, entonces y hemos visto los grandes ejemplos verdad, en esas luchas que habían, como se fue incorporando gente a la organización. Vimos el trabajo de Monseñor Romero; cómo apoyó a la clase pobre, eso es muy importante. Me dice una vecina que tenía yo en mi comunidad, ¿Qué hacemos -me dijo-, si a Monseñor Romero, -me dijo-, lo han matado?, ella tenía sus tres hijas que se habían casado con unos señores de aquí de las lomas del Cerro Grande y estaban aquí en la lucha, ya organizados aquí en la zona, verdad y por esa razón la señora tenía miedo, “Si ya se nos fue el pastor que nos defendía” me dijo. Le dije yo: “Confiemos en Dios”, le dije yo y “No hay que perder de vista la organización” y ella con aquel gran temor; y resulta que como al mes de haberme dicho eso, fueron a matarla, a ella; ahí cerquita donde mí vivía; el gran delito que tenía ella, que tenía sus hijas que se habían incorporado a la organización, por eso murió ella. Ella se llamaba este, le decíamos Lencha, pero se llamaba Prudencia Martínez.
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