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Pero han pasado seis años, el grupo que inició el 18-J, Reclaim the Streets[3], ya no existe, habiéndose partido por causa de la criminalización mediática, la represión estatal y las divisiones internas. El movimiento de movimientos contra el neoliberalismo que alcanzó prominencia tras el 18-J ha tenido sus altibajos en todo el mundo, desde el éxito de las fábricas ocupadas y autogestionadas en Argentina hasta el terror de Estado y el baño de sangre en Génova, desde el rechazo de masas a las privatizaciones en Bolivia hasta el fracaso de la manifestación global más grande que se haya organizado a nivel mundial, el 15 de febrero de 2003, para tratar de impedir la guerra en Irak; de las enormes reuniones de rebeldes en los Foros Sociales Mundiales hasta la represión preventiva de la disensión que dio un giro absurdo cuando el FBI añadió el "carnaval contra el capital" a su lista de grupos terroristas más buscados (a pesar de que, obviamente, el Carnaval contra el Capital no es un grupo, sino solamente una táctica utilizada por muchos grupos). El sentimiento de esperanza que surgió entre los movimientos de acción directa durante la última década parece que se ha visto reemplazado hasta cierto punto por la aprensión, ya que nuestro mundo parece acercarse al borde de un escenario de apocalipsis bíblico, con guerras, revueltas, inundaciones, terremotos, masacres, deshielos, una enorme crisis energética pendiente y una pandemia global que continúa.
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